“…en el siglo IV después de Cristo por encima del santuario
a Mitra otra fe rendía culto a un hombre llamado Jesús cuya sangre según decían
renovaría el mundo y redimiría a los que creían en Él, pero en un estado que
requería que el emperador fuera adorado y que además albergaba y honraba aun
sin fin de dioses no cabía una religión que adorase a un único Dios, pero ni
siquiera las legiones de Roma y las murallas de Adriano podían hacer frente a
la marea de la Historia y a la búsqueda espiritual del corazón humano…”
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